La cultura Olmeca al ser una de las representaciones más destacadas y antiguas de Mesoamérica, estableció una organización política bastante relevante. A lo largo de sus casi mil años de historia se caracterizaron por mantener ensamblar este primer aspecto con el religioso. Esta clasificación sirvió de ejemplo para otras civilizaciones que surgieron más adelante.

Para comenzar los Olmecas se consideraban una civilización teocrática. Esto quiere decir que los líderes políticos o jefes gobernantes estaba directamente relacionado con el aspecto religioso. Estos líderes eran conocidos como sacerdotes o chamanes y obtenían su cargo debido a fuerzas divinas provenientes de dioses.

Diferentes gobernantes, de distintas épocas, fueron inmortalizados a través de su arte principal. Este es la creación de cabezas gigantes que eran completadas con rasgos animales, especialmente el jaguar. De hecho este animal era tan importante que el jefe vestido como él era respetado como una entidad superior.

Otra forma en la que se dirigían a los jefes de las tribus era Chichimecatl. Estos pertenecía a una elite que lo conformaban el resto de sacerdotes y chamanes, capaces de hacer predicciones respecto a las lluvias y cosechas. De allí surge que el resto de la población creyera en poderes sobrenaturales, dándole mayor alcance a su gobierno.

El poder también era medido por la cantidad y calidad de tierras que ciertas familias o comunidades poseían. Por esta razón los que tenían territorios con mejores cultivos, asumían buena capacidad económica y, como consecuencia, buena posición. Todos ellos vivían en las ciudades de mayor élite, separados del resto de la población y con notorios lujos.

La población Olmeca

El resto de la población eran los encargados de la construcción de los templos que servían para las ceremonias religiosas. Los mismos eran separados del resto de la comunidad, por lo que se marcaba notoriamente el estrato jerárquico. Estas tribus estaban constituidas por varias familias que convivían entre sí y que contaban con un jefe en común.  

Alrededor de los templos se establecía la clase más baja de la jerarquía, conformada por los agricultores. Estos hombres tenían la función de trabajar la tierra para generar diferentes cultivos utilizados para su supervivencia. Aunque ellos también tenían sus propias ceremonias paa rendir homenaje a sus dioses.

En cuanto a las mujeres se les daba la tarea de elaborar distintas figuras, objetos y utensilios hechos con barro. Los mismos se utilizaban en diferentes actividades, tanto decorativas como la alimentación del resto de las familias. Igualmente tejían las telas para las vestimentas y cuidaban a los miembros más pequeños de la tribu.

Ámbito político

Las leyes religiosas y políticas tenían pocas diferencias entre sí. Una de sus reglas principales era el control ejercido por parte de los gobernantes sobre los cultivos y las tierras. Esto les permitía vigilar el uso de  productos como el agua o las piedras, legitimando así su régimen.

Existía una gran diferencia entre los personajes de clases elevadas y aquellos que estaban por debajo de las mismas. Es por esta razón que el ámbito político dejo tanta huella en los antecedentes encontrados de esta civilización.